La industria cervecera es líder en productos enlatados. Desde hace medio siglo marca tendencia sobre el tipo de metal utilizado y su manufactura, la tecnología interior y exterior, entre otros detalles tan minúsculos que reflejan efectivamente que los mejores avances de la humanidad son los que no se notan. Beber una lata de cerveza es tan sencillo porque la ciencia ha puesto su empeño para hacerlo inocuo, seguro y placentero.
Sin embargo, muchas son las discusiones entre los expertos fabricantes y bebedores si consumir el preciado fermento en lata modifica o no las condiciones organolépticas en comparación con las contenidas en vidrio. Mientras algunos afirman que el vidrio sigue preservando mejor el líquido frío, otros aseguran que las latas lo hacen más eficiente al tratarse de un metal delgado por lo que conviene en términos de almacenaje, posibilidades de distribución entre otros factores.
Las diferencias discursivas alcanzan al comportamiento de la espuma como parte fundamental de la experiencia gustativa. Mientras que las latas presentan mejor resistencia a la presión liberada por el carbonatado natural de la cerveza, el vidrio puede presentar riesgos durante la manipulación. En ambos casos el veredicto se divide cuando llega el momento de servirla: los que prefieren vidrio afirman que el recorrido del líquido gaseoso por el cuello de la botella permite una eficiente distribución de la espuma en la copa o vaso, mientras que la forma de la lata podría pervertir el adecuado vaciado frente al comensal.
Todos estos argumentos hacen que la discusión parezca un coloquio de dinámica de fluidos newtonianos cuyos comportamientos son viscosos e incomprensibles, más que una afrenta cervecera con fines holísticos cuyo mercado global alcanza los 920 mil millones de dólares anuales de los cuáles México participa como el cuarto consumidor global, uno de los diez primeros productores, el mayor exportador en todo el orbe, y un país con alta diversificación del mercado a través de productores artesanales. Sin dudas, la cerveza enlatada es una opción menos costosa en términos de producción, más accesible al consumo, de alta eficiencia para la distribución y almacenaje, y una opción ideal para la industria contemporánea.
Recomendación del mes.
Consciente de la eficiencia de enlatar, la marca independiente de arraigo morelense SENSAVIR migró todo su portafolio de vidrio a latas de 473 mililitros. Su nueva receta de Black Rye Ipa bajo el nombre Beatrice, de obvias referencias dantescas, tiene personalidad sofisticada, imponente y amable. De notas iniciales a frutos compotados, se expresa en pasas y ciruelas maduras, cerezas negras Marrasquino, y mieles acarameladas. De duración media, espuma consistente y retrogusto delicado ideal para maridajes otoñales como ratatouille, pisto moruno, queso con panes de masa madre y guisos de cordero de larga cocción. Consígala en www.sensavir.mx

