#NoSoyXcaret: Implicaciones legales en la descolonización de visiones culturales

Maya community members holding banners and signs defending their cultural symbols in front of Parque Xcaret entrance

Las dicotomías éticas casi siempre son falsas. Bueno o malo; de izquierda o de derecha; moreno o blanco; pan o tortilla; amor u odio. Reducir el universo a dos vías distrae de la diversión que habita en los caminos subsumidos entre las supuestas únicas opciones. Los matices son la causa de la virtud de los seres racionales, los constituyen como únicos. Decantarse por una opción u otra frente a un problema es perder la oportunidad de revelar conocimiento. Es desaprovechar la ventana que ofrece la razón como instrumento de discernimiento. Es vivir en modo gris, incompleto, sin reconocerse en la belleza de las posibilidades.

Para nadie es desconocido que el progreso humano tiene costes difíciles de aceptar, inconmensurables en términos morales, y ecológicamente riesgosos. Sin embargo, no es pretexto para expoliar, destruir, matar, engañar o extinguir aquello que se oponga al desarrollo. Cada letra impresa o digital de esta columna significan horas de combustibles fósiles quemados para generar energía eléctrica, decenas de árboles transformados de celulosa en papel, y cientos de galones de gasolina para transportar los ejemplares físicos por todo el país. Sería idiota dejar de escribir o publicar para no generar daños ecológicos, pero sería estúpido no considerar las repercusiones. Otra vez, la falacia de las disyuntivas polarizadoras.

Hegel decía que la Historia es el proceso racional y dialéctico del despliegue del Espíritu (Geist) hacia la autoconciencia de su propia libertad. Pero también es la forma en que unos a otros se destruyen para imponer sus propias visiones. Cuando una sociedad alcanza el máximo nivel, se disuelve para dar paso a otra que abrevará los aprendizajes previos y refinará dicho despliegue dialéctico. Cuando parece que la humanidad está repitiéndose a sí misma es cuando comienza su declive para automejorarse. No es darwinismo social, es el largo camino del alma colectiva. Al leer los tiempos que corren, claramente el zenit de la civilización parece estar lejano.

Human figure moving from dark ruins toward bright sunrise, words signifying philosophical concepts
A luminous figure strides from darkness into light, symbolizing self-awareness and freedom.

La historia de la humanidad es la de una relación tensa con su hábitat, y son las formas de mantener el sano balance lo que diferencia una sociedad de otra. Sobre temas ecológicos, el barómetro moral más o menos se afina en forma de resoluciones convenientemente equilibradas para todos. Sin embargo, cuando se confrontan intereses personales, colectivos, políticos o económicos todo adquiere tonalidades radicales, complicadas hasta hartar. El peor de los escenarios es al enfrentar posiciones místicas, porque la humanidad las defenderá como verdades absolutas, intransigentes. Es la historia de los conflictos mundiales que son espejo de las afrentas personales. El humano es su creencia y los muertos que deja en el camino para defenderla.

De lo humano y lo legal.

Recientemente, la Suprema Corte de Justicia (SCJ) revocó un amparo que permitía a Grupo Xcaret utilizar elementos y símbolos de la cultura maya en su publicidad. El fallo responde a denuncias hechas por el Gran Consejo Maya de Quintana Roo por la presunta apropiación indebida de patrimonio cultural. Tras un tiempo en disputa, el máximo tribunal ordenó retirar dicha simbología de las plataformas de Xcaret. Así, el Consejo adquirió grandes niveles de legitimidad entre los suyos, y la Corte desplegó un mensaje de coherencia con los planteamientos esenciales de su nueva conformación.

La jurisprudencia es congruente con otras resoluciones como la de la reforma constitucional de 2025 que, por primera vez en la historia, reconoce a los pueblos originales indígenas y afromexicanos como sujetos de derecho. La discusión legal es larga, pero la deuda histórica con las sociedades originales es mayor. El Derecho es una ciencia que habita en los matices, y el debate entre expertos y legos es divertido pero infructuoso. Puede estarse a favor o en contra, pero el camino ya está trazado.

Hasta aquí la resolución de un conflicto que interpreta la ley a favor de quienes se consideraban ofendidos, porque los ofensores se sometieron al fallo y se dejó un procedente legal sobre los límites del marketing en la industria turística respecto al patrimonio cultural de México. Sin embargo, el asunto se complica cuando se hace una lectura sobre los intereses particulares. A saber:

El Grupo Xcaret tenía un acuerdo económico previo a esta resolución con el Consejo Maya para subsanar las denuncias presentadas. Este pacto se sumó a la presentación de amparos para evitar que la SCJ fallara en contra de sus haberes. Uno de los argumentos -palabras más o menos- era que el grupo empresarial (que es también hotel de lujo, desarrollador inmobiliario, promotor turístico, entre otras facultades comerciales) había coadyuvado, desde su imagen corporativa, a la difusión de la cultura maya. Tras el fallo de la Corte, el consorcio suspendió uno de los proyectos más ambiciosos que tenía para su autopromoción, el de la Travesía Sagrada 2026. Un duro golpe a los bolsillos financieros y morales del emporio peninsular.

Group of Maya people holding protest signs against land selling and deforestation in front of construction vehicles and police
Maya community members protest to protect their land and culture from corporate encroachment and deforestation.

La nube mental ocasionada por el despliegue legalista y economicista de este asunto podría resolverse con una simple pregunta: ¿Qué defiende cada quién? Desde un reduccionismo analítico con tintes idealistas, la Suprema Corte defiende lo justo en términos de imparcialidad; el Gran Consejo Maya los intereses de los pueblos originales de la región; y Grupo Xcaret sus propios medios y fines que, sin entrar en posicionamientos, son empresariales y por ello priorizan la rentabilidad. Podría desmenuzarse cada uno de esos roles ideales, pero eso sería materia de un tratado posterior porque la complejidad del caso lo exige y merece. Lo que es cierto es que el conflicto entre estas tres figuras (el Consejo, la Corte y Xcaret) podría resumir la historia de la humanidad. Por ahora sirve de ejemplo para la tensa relación entre el ecosistema bioantropológico de los pueblos originales y el mundo Occidental.

Nuevamente, todo queda en el ámbito de las sutilezas, de las imperfecciones y errores humanos que son inherentes a la especie sin importar sus habilidades racionales y capacidades morales. Sin embargo, la llave maestra para resolver sin pragmatismos este asunto habita en las narrativas. Ellas contienen la esencia de quienes a través de sus dichos o hechos demuestran su esencia. Su análisis es provocador.

Cuando digo digo, digo Diego.

Si en política la forma es fondo, en comunicación lo dicho es el todo en forma de palabras. Qué se dice, cuándo se dice y para qué se dice alcanza dimensiones espaciotemporales que trascienden a los implicados en la conversación. Enfrentar dos estilos comunicacionales históricamente distintos -el de una empresa y un grupo originario maya- en el marco de la simpleza lingüística de las redes sociales es perversamente dicotómico. Tras el fallo en su contra, Xcaret respondió con una campaña mediática bajo el eslogan #YoSoyXcaret, haciendo clara alusión la defensa mediática de periodistas o políticos que han denunciado acoso por parte del oficialismo. No es materia de este texto sino de profesionales de la psicología del lenguaje analizar las intenciones detrás de ese hashtag, pero al profundizar se revela una provocación de  decisión bipartita para la opinión pública: apoyarles significa estar con una empresa que promovió la cultura maya en el mundo, no hacerlo representa que se está en contra de la identidad peninsular. Así de frívolo, así de simple, así de falso. Se está en contra o a favor, pero nunca del lado de la paciencia analítica porque el mundo de hoy juzga rápidamente la reflexividad como tibieza de carácter. En esencia, el hashtag es la reedición instagrameable del pasaje bíblico “El que no está conmigo está contra mí; y el que conmigo no recoge, desparrama”, que en tiempos priistas tomó visos de cooptación sindicalista. En cualquiera de los casos -el cristiano o el salinista- el margen para el libre albedrío es mínimo. Así los tiempos de la ignominiosa posverdad.

Defensa y falsa defensa.

Qué falaz mundo es el que obliga a decidir entre dos opciones morales, que a su vez generan otros dos caminos, y luego otros dos, y así hasta el infinito en modalidad de ética bifurcada. Es el fractal del mal. Porque un universo que trata de definirse a sí mismo entre dos opciones sin observar -o al menos dejar espacio para concebirla- una tercera vía es un ambiente carente de libertad, conciliación y humanidad.

En la larguísima batalla entre las visiones del norte y el sur global, la descolonización intelectual -a las maneras de los autores Enrique Dussel y Boaventura de Sousa Santos- es una de las tareas pendientes de las sociedades latinoamericanas. Conciliar los intereses capitalistas occidentales con las cosmovisiones de los pueblos originales es un reto histórico titánico. Pocas personas pueden dedicar su vida a desmenuzar estas complicaciones para ofrecer soluciones. Son los profesionales del mundo académico antropológico los que ofrecen un panorama más amplio para pensar.

En 2019, el investigador Charles-Édouard de Suremain escribió “Anacronismo patrimonial: una crítica al patrimonio alimentario a partir del caso de la ruta del chocolate en Yucatán”. Un texto que reveló las maneras en que el polémico Museo del Chocolate, a un costado del sitio arqueológico de Uxmal, promovió un conjunto de prácticas supuestamente ancestrales a partir del cacao y el chocolate. Financiado por una transnacional belga dedicada a la industria chocolatera y repostera, el Museo contrató a pobladores para representar una ceremonia maya de las semillas de cacao y el chocolate en forma de bebida en la que se invocaba, en horarios programados, a los dioses para bendecir a los visitantes. Ni la ceremonia, ni los rituales, ni las divinidades del cacao, ni las estelas de fibra de vidrio que supuestamente narraban dicha ceremonia eran auténticas. De hecho, nunca existieron. Todo fue una pantomima para atraer turismo y para que, al finalizar el recorrido, se comercializara con chocolate de cacao cosechado en África y refinado en Europa. Falsedad absoluta en nombre del patrimonio. El caso alcanzó tintes internacionales y el Museo, o al menos sus dueños originales, hoy son personas non gratas de facto entre los habitantes de la región. Si bien México está de moda, falta mucho por regular para que la explotación de los rasgos arqueoantropológicos de las comunidades mexicanas sea distinta a la del siglo XVII. Ojalá esta conciencia llegue pronto a la Secretaría de Turismo del gobierno fedreral.

En contraste, Sarah Bak-Geller Corona es antropóloga e incansable estudiosa de las comunidades del occidente mexicano. Su estudio “Recetas de cocina, cuerpo y autonomía indígena. El caso coca de Mezcala, Jalisco” es una oda a las formas en que una comunidad se autoreconoce, primero, para luego exponerse ante el mundo con una identidad que fue simultáneamente diseñada y asumida como forma de defensa frente a los embates empresariales que buscaban explotar el bendecido ecosistema donde habitan. La comunidad coca exhibe orgullosamente sus tradiciones, su música, y su cosmovisión; pero es la cocina, a través de recetarios y otros productos que resumen la memoria local, el epicentro de la defensa colectiva. Ambos trabajos, el de Bak-Geller y de Suremain, son un oasis para quienes decidan reflexionar sobre el caso de Xcaret.

A pesar de cualquier esfuerzo académico o político, en ocasiones la batalla entre la visión consumista occidental y la de las sociedades originales parece tener una salida: la ruptura absoluta. Una persona que vive en CDMX podría decir que nada tiene que ver con el Consejo Maya o con Xcaret, pero es que todo lo humano, por diminuto que sea, tiene consecuencias históricas profundas. Renunciar individual y comunitariamente a posiciones dicotómicas, falaces disyuntivas, o posicionamientos reduccionistas nunca sobra. En materia de defender lo justo, menos Xcaret, menos Museo del chocolate, y más Consejo Maya y cocas de Jalisco. A pesar de los hashtags, campañas mediáticas y posicionamientos empresariales, el dramaturgo romano Terencio tenía razón: nada humano puede ser ajeno.

Publicado por elcig.mx

Grupo académico de carácter gastronómico dedicado a la innovación, extensión y vinculación. MISIÓN. Ser un grupo de referencia dedicado a la investigación y transformación de los paradigmas gastronómicos actuales, que extienda el conocimiento generado hacia la comunidad, lo vincule y divulgue de manera efectiva a la industria de alimentos y bebidas para enriquecer a la Gastronomía como actividad social y científica. VISIÓN. Para el 2030 ser un referente académico nacional e internacional reconocido por la comunidad gastronómica y científica resultado de la aplicabilidad de su conocimiento generado, la formación de profesionales de alto nivel en sintonía con centros de enseñanza superior, y por su contribución a la expansión de la Gastronomía.

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